Wednesday, January 18, 2006

 

PROTECCION JUDICIAL PARA ZAPLANA Y SU BANDA= MICHAVILA MINISTRO DE JUSTICIA

Zaplanakane
Cuando el fin justifica los "medios"
Francesc Arabí Valencia.Fotos: levante-emv
De «entrada -le dijo- eres un maricón, un hijo puta, un cabrón y de todo». «¿Por qué?»,
inquirió el otro. «¿Eh? (..) te vas a Madrid a la presentación de la revista de Fontán. No me llamas para que vaya contigo...». El léxico utilizado por Eduardo Zaplana en su
conversación telefónica con Salvador Palop (empleado actualmente en Aguas de Valencia) el 11 de febrero de 1990, a las 13.22 horas, evidencia cómo hasta los modales adquiridos en los Maristas de Cartagena sucumben ante razones de fuerza mayor. Y ese pasaje de las cintas del caso Naseiro (destruidas por orden el Tribunal Supremo el 29 de julio de 1994, tras ser anuladas como prueba judicial) revela la importancia que el abogado de escaso fuste daba a la capacidad de influencia de los medios y al cultivo de las relaciones con el núcleo dirigente de las juventudes de UCD conocido como Clan de Valladolid, en el que se integró Zaplana con Arturo Moreno, José María Michavila, Pedro Pérez, Miguel Ángel Cortés o Carlos Aragonés. Antonio Fontán, que fue presidente del Senado, era jefe de familia en UCD, de los liberales conocidos como vaticanistas. La publicación la Nueva Revista se presentó a un mes del congreso de la refundación del PP y se convirtió en faro de pensamiento ideológico del partido. Fontán no era un don nadie. Tenía 300 acciones de Futuro Financiero S.L., sociedad epicentro del caso Naseiro. Moreno (1.000 títulos), Michavila (100), Cortés (400) o Palop (300) eran socios en la consultora acusada de financiar al PP.
Alguien como Zaplana que se propuso cultivar el clintoniano arte de la apariencia
estaba condenado a seguir la estela del cuarto poder. Cualidades para triunfar le
sobraban: porte de «caballero» ( subrayó su amigo el restaurador Rafael Díaz), amigos influyentes que en aquel congreso apostaron por Aznar y capacidad camaleónica para sacar rendimiento a la coyuntura política.
El ministro Michavila elogiaba a Zaplana: «Ha demostrado a lo largo de los últimos años que no está apegado a los cargos...». El propio Zaplana certificó que su proyecto es como una empresa: trabaja por objetivos, con el aliento mediático. «La vida está
marcada por etapas. Apalancarse en el Consell habría sido un error...», confesó al ser
nombrado ministro, el 10 de julio.
Pero sin el favor de los medios no hay reto político asumible ni pecado olvidado.
Porque uno mismo puede maquillar su currículo, pero la amnesia ajena no se regala,
se vende. Por ejemplo, el marujazo -la conversión al PP de la tránsfuga socialista
Maruja Sánchez, cuyo voto aupó a Zaplana a la alcaldía de Benidorm en una moción de censura, el 22 de noviembre de 1991- ha sido desterrado de la biografía de Zaplana en la web del Ministerio de Trabajo. Ahí se cuenta que «durante el proceso de refundación del PP, liderado por José María Aznar, decidió militar en esta formación...». Y añade:
«Tras estas elecciones [las de 1991] fue elegido alcalde de Benidorm y portavoz del Grupo Popular en las Cortes Valencianas».
El «tras» se produjo seis meses después y con moción de censura. «Durante» fue tres años antes. Porque Zaplana se afilió en 1987 a AP -siglas desterradas por el ministro-el mismo año en que Luis Fernando Cartagena, que fue socio suyo en el asalto al poder del partido, accedía a la alcaldía de Orihuela también mediante moción de censura. Cartagena, otro dechado de virtudes liberales, aventajaba a Zaplana en que abrazó AP ya en 1982 y su familia tenía pedigrí derechista. No es casual que el 28 de diciembre de 1989, cuando Ángel Sanchis Perales pide un nombre para relevar a Pedro Agramunt al frente del PP, Palop no vacila: «Luis Fernando Cartagena, alcalde de Orihuela».
Pero Zaplana estaba apadrinado por el Clan de Valladolid y en el escaparate de una ciudad con tanta proyección como Benidorm cuando se reencontró con Jesús Sánchez Carrascosa y selló un pacto mediático con Las Provincias que lo llevaría a la cima del Consell, previa conquista del PP valenciano, el 26 de septiembre de 1993.
Claro que en ese momento no se percató de que había vendido su alma al diablo. No le han salido baratas a Zaplana las permanentes sesiones de vudú mediático para espantar el fantasma del marujazo o del caso Naseiro.
Los primeros meses de Eduardo Zaplana, un liberal para el cambio en el Consell
fueron de rodaje. El presidente se puso las pilas para lograr la mayoría absoluta en
1999. Necesitaba reforzar su escudo mediático. Visto el fracaso en Ràdio 9, en TVV se adoptó una estrategia más sutil de lista negra: se adscribió una parte de la redacción a deportes y otra a Punt 2 -de pírrica audiencia- para hacer hueco a nuevas incorporaciones.
En la Nochebuena de 1998, en el reparto de 15 frecuencias de FM se premió a Las
Provincias, El Mundo, Radio España y Medipress Valencia, agraciada con tres
emisoras. Esta última sociedad está participada con un 15% del capital por Tabarka Media, el grupo que quería engordar Zaplana con dinero de la multinacional Bouygues y al que el Banco de Valencia le dio un crédito de 1,2 millones de euros, avalado por
Aguas de Valencia. Medipress Valencia fue inscrita en el Registro Mercantil el 29 de septiembre de 1998, una semana después de que se abriesen las 375 plicas de los aspirantes a las concesiones en un acto público celebrado en la UIMP de Valencia.
Tabarka Media controla la mitad de las acciones de Televisión Vega Baja, en Orihuela.

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